Somos un grupo humano

martes, 7 de diciembre de 2010

Donde habita la memoria

La memoria de la Tierra
tiene los años contados.

Tomada desde el principio,
no hay más cuento
que una noria
de átomos transportados
por el azar
a una turbia
gloria.

Si empezara del final,
cuando se apague este sol,
me habría helado el aliento
antes de salir la voz.

Podría contar que bullen
las estrellas en sus hornos.
Se hunde en cuencos de mármol
la casta entera del cielo.
Podría entrar invocando
castos ángeles, infierno
y fantasmas que me ahogaran
antes de haber respirado.
No sé. Para qué
los crearon.

Quienes pasan son los vivos.
Cuentan los seres humanos.
Lo que cuenta es su verdad.
Por más que cuentan, se acaba.
Su carne corta es el signo
de muchos cuerpos ardientes
entre la fuente y el mar.

No hay lugar para el olvido.
No hay mentira que perdure
cien años, ni imperio, ni odio,
sino la historia serena,
las huellas de haber vivido
y, si algo aprendí, la sal.

Cuando todo se evapora
queda lo memorable
con gusto. Sólo el amor.
Tu deseo y mío es que hable
de una sal que es
tan real.

La memoria, no el olvido,
es quien habita mi edad;
es tu palabra y la casa
construida por la mar.
Un mar de vidas posadas
han venido
o ya se van.

La mar apacible y tierna
de donde renació el sol
en cada cuerpo viviente.

La mar inmensa y lontana
que cruzamos al llegar
a la tierra donde ocurre
la escucha de los amantes,
mientras hablas, mientras haces
el espacio-tiempo nuevo
en este escenario nuestro:
Canaán.

Te cuento hacia dónde voy,
cómo fue
que llegué acá.
Nos perdimos por dinero,
con violencia, en los desiertos
secados por el dolor.
Fui siervo de muchos amos,
quizá de ti o de allá.

Pero en la orilla extraña
donde estamos recostados
mientras cosemos la vela
que desgarraron las guerras,
con la seda de la lengua
y la savia de los cuerpos
aún vivos, cuenta
conmigo.

Prueba este fruto del árbol
de la vida, sin veneno.
No soy dios.

Es un poema entrecano
y mestizo entre Norte y Sur.

Vida amarga que hizo dulce
la tierra que se tragó.


A mis amigos y amigas de Carboneras (Almería), por todo el caudal de su memoria. Quiero escucharla.

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